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CUBA, FINANZAS EN DECLIVE
- Oscar Espinosa Chepe
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- La situación de las finanzas cubanas continúa dando muestras de graves dificultades. Según información en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, celebrada en julio, la cifra de dinero en circulación está en unos niveles entre 9.400 y 9.500 millones de pesos, cantidad superior a los aproximadamente 9.000 millones que existían a finales de 1995.
Esto ratifica que las medidas de saneamiento financiero adoptadas a mediados de 1994 no sólo están agotadas, sino que hay evidentes signos de un proceso regresivo tendiente a un nuevo crecimiento de la liquidez en manos de la población.
Si se analizan dichas medidas tomadas para combatir la abundancia de efectivo en la calle, se puede concluir que estaban esencialmente dirigidas a la esfera de la circulación y muy superficialmente al problema medular de la economía cubana: el desarrollo de la producción de bienes y servicios de forma eficiente.
Así, se aumentaron muchos precios; se efectuaron grandes racionalizaciones de fuerza de trabajo; se aplicaron nuevos impuestos e incrementaron otros; y fueron virtualmente congelados los ingresos de la población, tales como salarios, pensiones, prestaciones, etc.
Sin embargo, las estructuras productivas de la nación, probadamente ineficientes, en lo esencial han quedado intactas hasta el momento. Las pequeñas reformas aplicadas en la esfera productiva, con la exclusión de las facilidades al capital extranjero para invertir en la Isla, se paralizaron e incluso los espacios abiertos para el trabajo por cuenta propia se han cerrado en alguna medida.
Por otra parte, el continuo incremento de la dolarización de la sociedad es otro factor que hace más complejo y difícil el saneamiento financiero. La circulación monetaria dual que afecta en determinante medida a las transacciones realizadas por la población, también paulatinamente está asumiendo un papel importante en las relaciones comerciales entre las personas cubanas.
Ese hecho complica los controles financieros, pues en muchas organizaciones es indispensable llevar registros contables por separado para cada una de las monedas con que se trabaja, lo cual conlleva un problema adicional: la falta de una tasa de cambio real entre el dólar y el peso cubano para operaciones comerciales.
Además, los sectores económicos donde no circula el dólar, que son mayoritarios, han sido significativamente perjudicados pues, al cobrar en pesos, el interés laboral se ha reducido considerablemente. Como ejemplo de áreas donde los efectos dañinos de la dolarización son más palpables podrían citarse la industria azucarera, la ganadería, la educación y la salud pública, todas vitales desde el punto de vista económico y social.
Las perspectivas de las finanzas internas no son halagüeñas. El propio proyecto de presupuesto para 1998 indicaba un incremento del déficit de un 55%. Este porcentaje probablemente será superior, debido al pobre desempeño de la economía en el primer semestre.
Aunque las autoridades no han ofrecido hasta agosto los resultados económicos de la primera mitad de 1998, es conocido que la zafra azucarera posiblemente haya sido la más baja en los últimos 55 años y que la agricultura en su conjunto declinó respecto a igual período del año anterior con serias afectaciones en cultivos tan importantes como la papa y el tomate.
En cuanto al turismo, aunque debió continuar el pasado semestre su tendencia al crecimiento, probablemente el aumento obtenido no alcance los parámetros trazados en el ambicioso plan para 1998, el cual señala un ingreso en divisas superior al 22% en relación con 1997.
También debe tenerse en cuenta que si bien los precios del petróleo en el mercado internacional descendieron considerablemente con efectos positivos para el país, a la reducción de forma notable de la disponibilidad de azúcar para exportar se une la apreciable disminución de su precio, así como el del níquel, realidades que afectarán en magnitud apreciable la capacidad externa de compra.
En estas condiciones, resulta improbable que en 1998 el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) alcance el 2,5% estipulado en el Plan.
Las consecuencias de todo lo anterior están teniendo lógicamente un fuerte impacto sobre las finanzas y los precios.
No es casual que en la mencionada sesión de la Asamblea Nacional se decidiera aumentar los precios de algunos servicios como el telefónico, lo cual pudiera calificarse de racional si no fuera porque al mismo tiempo quedó ratificado que se mantendrán en lo esencial los actuales niveles de salarios y jubilaciones, los cuales no alcanzan hoy para disfrutar de un nivel de vida medianamente decente.
Asimismo es muy probable que las asignaciones proyectadas en el presupuesto de 1998 para subvencionar las pérdidas económicas de las empresas deberán ser incrementadas notablemente, en particular las destinadas a la agricultura y la industria azucarera.
Con la disminución de bienes y servicios a causa de la caída de la actividad productiva; el descenso de la capacidad de compra del país, así como el desarrollo de las tensiones en el presupuesto, es lógico que el caudal monetario en manos de la población continúe creciendo, concentrándose en algunos estractos sociales, de forma que seguirá la acelerada diferenciación presente en la sociedad desde hace algunos años. Tampoco puede olvidarse que ello contribuirá a la desmotivación laboral y al crecimiento de los precios al consumidor como principales efectos dañinos.
Por supuesto, este proceso no sólo perjudicará la estabilidad de las finanzas internas, sino también tendrá una influencia perversa sobre la balanza de pagos.
La carencia de azúcar para exportar y la baja de su cotización en los mercados internacionales reducen la capacidad de compra de la nación, al tiempo que debe tenerse en cuenta que el azúcar juega un papel muy importante como garantía de los créditos a corto plazo, indispensables como fuentes de financiamiento de las propias zafras azucareras y otras actividades decisivas para la economía.
Actualmente Cuba tiene una enorme deuda externa, ascendente a mas de 11.000 millones de dólares con los países agrupados en el Club de París, que debido a sus intereses impagados crece sin cesar. A este monto hay que sumar la inmensa deuda con los países del este de Europa pendiente de negociación, lo cual hace de la Isla una de las naciones con mayor endeudamiento per cápita del planeta. Ello complica extraordinariamente la búsqueda de finaciamiento externo para hacer frente a las actuales dificultades.
En conclusión puede afirmarse que las tensiones financieras tanto internas como externas podrían agudizarse severamente en el resto del año, con un impacto adverso sobre toda la economía y el nivel de vida de la población.
La experiencia de estos años demuestra que con tímidos cambios superficiales los graves problemas de la economía no tienen solución, sino por el contrario pueden complicarse aún más.
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