- CUBA EN VENEZUELA
Carlos Rodríguez Duarte
Fidel Castro siempre ha incluido en sus planes de expansión revolucionaria a Venezuela. Es de recordar que su primera visita el exterior, después de su ascenso al poder, fue hecha a ese País, el 23 de enero de 1959, primer aniversario del derrocamiento del dictador, General Marcos Pérez Jiménez. En ese momento la euforia libertaria venezolano-cubana arropaba a las grandes mayorías, y se daba rienda suelta a las fantasías de libertad, reprimidas durante tanto tiempo, y retomadas a ese instante por los venezolanos con experiencia en la lucha contra las dictaduras que por tanto tiempo habían oprimido al país, con participación de los que, con pensamiento radical de izquierdas, sentían cercana la cristalización de sus proyectos por largo tiempo acariciados.
La aparición de Fidel Castro, en una oportunidad cercana al triunfo de la Revolución Cubana, entusiasmó a lo mejor de la juventud y de las fuerzas vivas intelectuales del país. Hubo una excepción, el Presidente electo Rómulo Betancourt, quien de regreso de la militancia comunista de su juventud, supo percibir el verdadero fondo de aquel líder carismático aclamado en ese momento. Su actitud ante Fidel fue fría y distante, ganándose con ello no pocas críticas por parte de aquellos adoradores bisoños del líder cubano.
El desarrollo de los movimientos guerrilleros izquierdistas en Venezuela, provocó grandes y profundos intercambios de tipo idealista, de estrategias y logístico, entre Cuba y Venezuela, existiendo coincidencias muy frecuentes entre ambos grupos con sólo algunas excepciones. Se produjeron entrenamientos en Cuba, envíos de armas y soldados a las playas venezolanas, lo cual persistió por mucho tiempo, resultando en una interferencia irregular en la política del país, y siendo factor causal importante de la expulsión de Cuba de la OEA. Estos movimientos de expansión de la Revolución Cubana, persistieron hasta que se produjo el desmantelamiento de las fuerzas irregulares venezolanas.
El desastre gubernamental de los últimos 20 años del siglo pasado en Venezuela, caracterizado por la aparición de gobiernos corruptos, incompetentes, derrochadores de los inmensos recursos con que contaban, indolentes ante las necesidades del pueblo, el cual sufría la pobreza, la inseguridad, el deterioro progresivo de los -otrora excelentes- servicios de salud, la corrupción de los fondos del sistema de seguridad social con más 60 años de creados, y, sobre todo la arrogancia y total menosprecio de los líderes políticos por los ciudadanos, las leyes y los servicios públicos, los que eran puestos al servicio de los intereses de pequeños grupos de personas e instituciones; estimularon la formación de movimientos subversivos formados por asociaciones de antiguos guerrilleros con militares de mediana graduación, e intelectuales comunistas, los que en la sombra, planificaron la toma del poder para producir un cambio que estaba enmarcado en un programa caudillo-ejército-pueblo, planeando el asalto al poder para el año de 1992. No se ha puesto de manifiesto que las fuerzas de inteligencia cubanas estuvieran involucradas en estos movimientos de manera directa, pero sin embargo, los hechos posteriores darían lugar a pensar que sí lo estuvieron.
La sucesión de los movimientos populares del 27 de febrero de 1989, y los golpes de estado del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, llevaron a la cárcel al Teniente Coronel Hugo Chávez Frías y a otros participantes, y es en esta etapa donde comienzan a madurar los planes para la toma del poder a beneficio de la invasión comunista de Venezuela. Hubo un detonador estrepitoso que fue la liberación de estos conspiradores por parte del gobierno del Dr. Rafael Caldera Rodríguez.
Muy poco tiempo después de ser liberado, Chávez viaja a Cuba, donde es recibido por Fidel Castro con honores de Jefe de Estado, siendo esta una de las razones que hacen pensar que desde mucho antes había ingerencia cubana en todos sus movimientos subversivos, y sellando desde ese momento la verdadera expansión revolucionaria desde Cuba a Venezuela. Fidel Castro percibió la posibilidad grandiosa de utilizar a Venezuela, con su ubicación geográfica y sus riquezas, para dos fines fundamentales: uno, darle curso probable a su sueño de colonización suramericana fracasada hasta ese momento; y dos, obtener un financista sólido, que le ayudara a mitigar la espantosa situación económica de la isla en ese momento.
Los venezolanos, con honrosas excepciones, no fueron capaces de percibir el peligro que asediaba, y prestaron apoyo en varios frentes al proceso electoral que ubicó en la presidencia del país, a Hugo Chávez. Al igual que en los comienzos de la Revolución Cubana, fueron muchos los que se desmarcaron del proceso. Sin embargo, la infiltración cubana comenzó de manera rápida, sostenida e imparable, sin presencia militar pero captando enormes masas de apoyo popular, a través de las acciones llamadas misiones, y llevando a punto de ejecución los macro proyectos leninistas, que ya estaban en estudio desde hacía tiempo.
El Embajador cubano en Venezuela, se transforma en personaje clave en el estudio e implementación de dichas técnicas. Los Círculos Bolivarianos -equivalentes de los Comités de Defensa de la Revolución- se organizan, se arman y se entrenan. Comienza a llegar a Venezuela una corriente inmensa de supuestos médicos y entrenadores deportivos, los que se van diseminando de manera apresurada y algo irregular en los distintos barrios de las ciudades, sobre todo Caracas, realizando captación y adoctrinamiento Es entonces que los venezolanos, observadores ingenuos y confiados hasta ese momento, despiertan a la realidad política y comienzan a rechazar todo el cubaneo del nuevo gobierno, organizando marchas gigantescas en contra de este aparato.
El 11 de abril de 2002, -en un movimiento considerado por muchos un autogolpe de Chávez- una de esas marchas sobrepasa los límites sospechados, y es interrumpida a sangre y fuego, con varios muertos y heridos y con la noticia de la renuncia del Presidente y su solicitud de ser trasladado a Cuba. El manejo de esta situación al más puro nivel político de los últimos 20 años, dio al traste con este acontecimiento: Chávez regresó al poder y comenzó una nueva etapa de solidificación de sus planes, siempre cumpliendo al pie de la letra el guión dictado por Fidel Castro. Se sucedieron actos por parte del gobierno con el objeto de obtener el control absoluto de todos los poderes del Estado, otra vez, al más puro estilo leninista, y mientras tanto la cubanización, se expandía cual plaga indestructible. Los mismos cubanos, en boca de Vilma Espín y de manera irrespetuosa, llamaron a la nación Cubanzuela.
Hubo un éxodo gigante de pacientes para ser tratados en Cuba, pagando a este país, ingentes cantidades de dinero, como el acuerdo petrolero de envío de 50.000 barriles diarios de petróleo barato -que además no se paga-, y del cual se usa una parte, vendiendo el sobrante en el mercado libre. Los médicos son distribuidos por toda la nación, ofreciendo al pueblo una medicina simplificada -gran mimetismo soviético-, por los que el gobierno paga $ 750.00 por unidad al gobierno cubano, el cual se reserva $500.00 y entrega a cada invasor $ 250.00, necesitando éstos de las dádivas de los vecinos en comidas y atención doméstica. Estos son solamente dos simples formas de la puesta en práctica de la revolución mercenaria.
A finales del 2002, ocurren movimientos de movilización ciudadana, que culminan con una huelga general, planteada de manera absurda e irresponsable por unos líderes descalificados, a los que la población apoyó en ausencia de ninguna otra cosa disponible, y que hundió al país en un estado de destrucción impresionante. El gobierno hizo uso y usufructo de esta situación que de manera insólitamente gratuita le puso en las manos la oposición. Destituyó 20.000 empleados calificados de la Petrolera, y comenzó la apropiación, ya sin máscara, de todos los poderes.
Detrás de toda esta situación de caos aumenta la presencia e influencia de cubanos en el país, se incrementan los viajes de salud a Cuba, se calcula en más de 5.000 los ³instructores², se multiplican los contratos, llegando a la cifra de 308 millones de dólares entre ambos países, aumentando a 80.000 los barriles de petróleo diarios, y culminando con la apertura en la Isla de una oficina de PDVSA en La Habana, que servirá de intermediario entre Venezuela y los Países del Caribe -tal como colocar a un perro cuidando salchichas-, asimismo la apertura de una oficina del Banco Industrial de Venezuela en La Habana, el cual velará por el intercambio comercial de Cuba y Venezuela.
De este intercambio conocemos las cifras de 100.000 pacientes venezolanos que serán sometidos a intervenciones oculares, y otros 3000 que recibirán trasplantes de órganos en Cuba, acompañados de 2500 familiares. De Cuba para Venezuela, se podrán exportar ³ollas de Presión², aunque en Venezuela se usan desde hace más de 60 años, y técnicos azucareros que han sido capaces de producir este año la zafra de más baja producción en un siglo en Cuba, y vendrán a destruir la industria azucarera venezolana, fundada, en gran manera, por los azucareros cubanos que escaparon del régimen de Castro.
Pero el acuerdo más importante consiste en seguir de apuntador en el desarrollo del guión revolucionario cubano, con la creación de una milicia de 1.500.000 hombres, la ley de tierras que ya está ocupando -no expropiando- las haciendas cuya antigüedad sea siempre anterior a 1810, año de la independencia, creando un sistema de cooperativas para ³crecimiento endógeno² que destruirá todas esas tierras actualmente productivas y ayudará a arraigar en el país la miseria salvaje similar a la de Cuba donde se dependerá de las limosnas que el señor feudal decida a su leal saber y entender ofrecer; la ley de educación con eliminación de todo vestigio de educación privada y con jerarquización de la educación política por encima de la educación académica general, simplificación de los baremos para graduar mayor cantidad de ciudadanos aunque con menor profundidad de conocimiento y con la sombra de eliminación de la patria potestad paterna; la ley mordaza, con mutilación de las facultades de los medios de comunicación; la modificación profunda de la Educación Superior, con formación ³light² de profesionales bien formados políticamente, pero débiles en el concepto de su profesión.
Así se encuadra la intervención de Cuba en Venezuela a mayo de 2005, estando planteado el nombramiento de Fidel Castro como General en Jefe Honorario del Ejercito de Venezuela, lugar donde declaró recientemente un ³médico-entrenador cubano² que se encontraba a sus anchas, apoyando esa revolución que es la continuación de la cubana. Una intervención que produce pingues ingresos en petróleo y dinero, y que sirve de pantalla democrática para la infiltración y destrucción política de los países vecinos.
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