- Reinaldo Bragado, in memoriam
Luis de la Paz
La muerte siempre sorprende, pero la de un escritor de 52 años de edad, lleva una carga extra, por tratarse de un hombre joven y de un artista en plena efervescencia creativa. ³No paro de escribir. Así que, en ese sentido, se puede decir que soy feliz, aunque no totalmente. La felicidad total será cuando no tenga que trabajar más para los derechos humanos², expresó durante una entrevista que le hice hace unos años para el Diario Las Américas de Miami.
Reinaldo Bragado Bretaña (1953-2005), falleció en Miami de manera repentina el lunes 27 de junio. Era un día caluroso, habitualmente húmedo, con un sol radiante convocando las palabras para él, un artista fecundo. Se puede decir que Bragado era un hombre entregado íntegramente a la literatura como pasión primordial. También llevaba como una obsesión la defensa de los derechos humanos en Cuba. Esa tarde, un correo electrónico daba a manera de telegrama la triste noticia: ³Ha muerto Bragado².
Durante la aludida entrevista para la sección 5 Preguntas, afirmó: ³No me interesa la política, lo que sucede es que en Cuba, cuando defiendes los derechos humanos, la dictadura te coloca en el terreno de la oposición política. Mi trabajo en ese movimiento no afecta mi literatura, de hecho, muy pocos libros míos poseen un trasfondo político. Pero somos seres humanos, tú, yo, todos, y pertenecemos a la misma familia. Los hay que dan la espalda a los problemas de los demás. No fue mi caso y el tiempo que dedico a los derechos humanos me causa una gran satisfacción².
La obra literaria de Bragado está bien distanciada de la labor que mantuvo por la situación social dentro de Cuba. Las novelas La estación equivocada, La noche vigilada, La ciudad hechizada, La muerte sin remitente; los libros de relatos Bajo el sombrero y En torno al cero, no son textos donde prevalezca como tema lo social y lo político, aunque, naturalmente, sí se encuentran en muchos casos como trasfondo, que es como suele ser en un buen escritor. Pienso que lo importante no es dar el grito, sino que éste se escuche bien lejos.
Bragado concretó su posición política y social en los dos volúmenes de La fisura. Ese es su más intenso legado a la causa de la libertad en Cuba, además de la columna semanal en Diario Las Américas y en el semanario Libre. Valga señalar que en la isla fue a parar a la cárcel por participar en protestas públicas y ser un militante activo del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, fundado por Ricardo Bofill. Cuando llegó al exilio prosiguió ese batallar. Durante los eventos por evitar que el niño Elián González fuera devuelto a Cuba, estuvo casi a diario frente a la casa de la familia González reclamando su permanencia.
Sus artículos, basados en análisis profundos y documentando la situación interna de los disidentes en Cuba, constituyen los textos que conforman La fisura. Los tomos del libro, resultan esenciales manuales de consulta para aquellos interesados en profundizar en las actividades de la disidencia y de los grupos de apoyo en el exilio.
La literatura para él tenía otra trayectoria, aún cuando, insisto, no quedaban fuera de sus textos las circunstancias que le rodeaban. Los espantos que persiguen al hombre, la falta de libertad, la persecución, el acoso, el deseo de ser uno mismo enteramente, no tienen nombre de régimen social.
En su novela La noche vigilada los personajes que habitan esas páginas son marginales y perseguidos, como lo son los que transitan por La muerte sin remitente. De la primera obra Bragado me dijo: ³Los personajes de La noche... son un perfil de la sociedad cubana. Pero la novela sólo hace referencia a los perseguidos y marginados. Debo señalar que faltan otras sicologías características de la Cuba de hoy, como el oportunista, el de doble pensar, el perseguidor y todos los demás de ese corte². Por su parte, La muerte sin remitente, transcurre en una ciudad imaginaria donde una extraña epidemia de fiebre afecta a los adinerados, mientras que la población que habita los barrios pobres no resulta infectada. En este libro se hilvana como trasfondo una alegoría del poder y cómo éste corrompe. Con este libro Reinaldo Bragado Bretaña ganó el Premio Internacional de Novela ³La Ciudad y los Perros², convocado por el Instituto Cultural Iberoamericano ³Mario Vargas Llosa², en Lima, Perú. Si tomamos en cuenta el lugar y las condiciones en que se escribió esta obra, en Cuba, bajo una dictadura, descubrimos que más allá de la anécdota, hay una mirada a la desintegración de la familia y la pérdida de valores.
Una parte significativa de su obra literaria la escribió en la isla, y poco a poco la fue publicando en el exilio. Unos días antes de su muerte me llamó por teléfono, y tras su habitual saludo de ³distinguido², me habló de una de sus novelas, en la que el escritor Ernest Hemingway aparecía como personaje por las calles de La Habana. Ese volumen será ya, uno de los libros póstumos de Bragado.
Cansado de las dificultades para publicar, creó su propio sello Editorial Outsider. Durante uno de los Viernes Culturales, que se llevan a cabo en la Pequeña Habana, mientras tomábamos una cerveza en El Exquisito, que tanto le agradaba, me habló de la editorial. Era un proyecto maravilloso, pero difícil, como lo fue la publicación de El pequeño café, un periódico mensual de asuntos culturales, del que sólo aparecieron unos pocos números, y que se vio interrumpido por falta de fondos. La Editorial Outsider dio un fruto inicial y único, Curazao 24: cuidado con el perro, otro de sus libros escritos en la isla e inédito hasta ese momento. Se trata de una colección de 35 poemas escritos en los años ochenta y publicados, algunos de ellos, en la Revista Mariel (1983-1985) mientras el autor se encontraba en la isla. Este ha sido su primer libro de poesía en el que hace un recorrido por la intimidad del barrio habanero donde vivía, y de la Calle Curazao en particular. En el prólogo apuntaba: ³Así que ahí va otro de mis libritos prohibidos en Cuba, otro punto a mi favor y otra satisfacción. [...] Por ahora Curazao 24 queda así en el mapa de mi universo, reflejado con su cartel de advertencia que sólo buscaba protección para mis sueños: cuidado con el perro².
Reinaldo Bragado Bretaña se movía en los círculos literarios de La Habana, sobre todo en el casco histórico de la ciudad, donde había nacido. En ese ambiente de calles viejas y estrechas, de cuarterías y por los alrededores de la bahía y el puerto, creció, escribió y compartió con otros creadores de su tiempo, como la reconocida escritora Zoé Valdés, el poeta Rafael Bordao, el pintor Poncito, hijo de Fidelio Ponce, uno de los más impresionantes artistas plásticos cubanos. Bragado se licenció en historia en la Universidad de La Habana, escribió de manera incansable, pero su obra fue censurada en la isla por razones políticas. Tras estar en prisión, logra salir de Cuba en 1988, se establece en la capital del exilio, continuando su desempeño como escritor. Al año siguiente de su arribo a Miami, recibe mención en el concurso Letras de Oro del 89, con La ciudad hechizada. Su militancia en defensa de los Derechos Humanos, le permite conducir por muchos años un programa de radio internacional promoviendo la Carta Universal de los Derechos Humanos. También fue comentarista de Radio Martí, estación dirigida a los cubanos en la isla.
Antes de irse repentinamente, Reinaldo Bragado Bretaña nos dejó cuentos, novelas, poesías y ensayos. Recorrió los campos más destacados de la literatura, y queda por ver lo que quedó en su mesa de trabajo. Con lo que le ha ocurrido al amigo, cabe una vez más, tal vez con mayor fuerza, recordar la brillante frase de Reinaldo Arenas: ³rápido, rápido que la vida está pasando².
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