Machín: maracas, son y bolero

Mercy Díaz

Si ha habido un embajador por excelencia de la música cubana en España, ése ha sido Antonio Machín. Durante más de tres décadas su melodiosa voz acompañó las alegrías y los amores de los españoles, y todavía hoy sus interpretaciones siguen gozando del favor del público.

Sagua la Grande
Me contaba mi madre, antes de que se borraran sus recuerdos, que Sagua la Grande, su ciudad natal, ha pasado a la historia de Cuba por haber sido cuna de destacadas personalidades, algunas de las cuales han traspasado las fronteras de la Isla.
En la lista de sagüeros ilustres se encuentran Wilfredo Lam, máximo representante de la pintura surrealista antillana; Jorge Mañach, destacado ensayista, profundo conocedor de la obra de José Martí 1 y fundador del movimiento ABC contra la dictadura de Machado, que a principios de 1960 abandonara Cuba a causa de otra dictadura: la de Fidel Castro; o Joaquín Albarrán, prestigioso urólogo e investigador que sentó las bases del estudio del funcionamiento renal en los comienzos del siglo pasado 2. También natural de Sagua la Grande era Edelmira Sampedro, la bella cubana que pudo ser reina de España y con la cual el entonces Príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón, contrajo matrimonio tras renunciar a su derecho al trono.

Los primeros años
Fue precisamente en esa ciudad, pequeña y a la vez Grande, como indica su nombre, que nació Antonio Lugo Machín, de padre gallego (José Lugo Padrón) y madre mulata (Leoncia Machín), en una modesta familia de 16 hijos. Con tan extensa prole, todos debían arrimar el hombro, y Antonio no fue la excepción; con tan solo ocho años hacia recados para ayudar a la economía familiar, sin abandonar la escuela.
Un buen día el párroco, que sabía lo bien que cantaba el niño, pidió autorización al padre para que le permitiera formar parte del coro de la iglesia, a lo que éste accedió. A los pocos meses, el sacerdote le propuso que cantara el Ave María de Schubert en una fiesta. Su actuación fue un éxito, por lo que se hizo muy popular en toda Sagua. Tal vez de estas primeras interpretaciones de piezas clásicas nació una afición por la ópera que no pudo desarrollar debido a la dificultad que esto entrañaba para un cubano pobre y de color a principios del siglo XX. Era un gran admirador de Enrico Caruso, sobre todo en el papel de Rigoletto.
Condicionado por su entorno, comienza a interpretar música popular y crece su vocación de cantante, a pesar de la oposición de su padre, que consideraba la música como una profesión de bohemios, con poco futuro. Pero Machín contaba con el apoyo discreto, aunque decidido, de su madre, mujer alegre que, convencida del talento musical de su hijo, no dejaba de animarle.
Antonio canta en serenatas y fiestas. Se escapa varias veces de casa y otras tantas se ve obligado a regresar hasta que, cumplidos los veintidós años decide, como muchos músicos cubanos de entonces, buscar en La Habana la oportunidad de darse a conocer.

Empieza la aventura
En la capital de Cuba realiza humildes tareas para ganarse la vida. Trabaja como albañil (oficio que había aprendido en Sagua), bajo las órdenes de José Martínez, sevillano que le abriría las puertas de ese mundo de la canción que tanto le fascinaba. Fue José quien le presentó a Miguel Zaballa, conocido trovador y guitarrista.
Zaballa, admirado por la calidad vocal de Machín, le propone formar un dúo y cantan en distintos centros nocturnos y en la radio, donde lo escucha Don Aspiazu, quien con su orquesta amenizaba las noches del más famoso cabaret de la época: el Casino Nacional. Es así que Machín se convierte en el primer cantante negro en una orquesta de blancos, en un lugar donde asistía lo más selecto de la sociedad habanera y también adinerados visitantes extranjeros.
Alternando con sus actuaciones en el Casino Nacional, pasa a integrar el Trío Luna, junto a Enrique Peláez y Manuel Luna; y también forma el Sexteto (otras veces septeto) Machín.

Nueva York
En 1930 se va con la orquesta de Aspiazu a Nueva York para actuar en el Palace Theater de esa ciudad, donde interpreta El manisero, la famosa obra de Moisés Simons, que en poco tiempo se convierte en un verdadero éxito en Estados Unidos. Llega a vender un millón de discos y graba más de 200 temas con la RCA.
En 1933 fundó la Orquesta Machín, compuesta por cubanos residentes en Nueva York. Fue precisamente en ese año que cantó para el presidente Franklin Delano Roosevelt en la Casa Blanca. A propósito de esa actuación, citaré una anécdota que relató a su yerno, Eduardo Jover 3: ³Roosevelt me preguntó si me había educado la voz, y al contestarle que no, que era natural, me respondió: «No me extraña. Los chicos de color tienen ese don»².
En Nueva York crea el Cuarteto Machín en 1934, con Daniel Sánchez (guitarra), Alejandro Rodríguez (tres), Plácido Acevedo (trompeta) y, por supuesto, Machín como cantante, con sus inseparables maracas. El éxito le sonreía, pero su espíritu aventurero le hace viajar a Europa.

Comienzos en el Viejo Continente
Se dirige primero a Londres, donde su interpretación del Lamento esclavo de Eliseo Grenet es muy aplaudida y después se va a París, ciudad en la que triunfa con el espectáculo de Moisés Simons La Noche de los Trópicos.
En la capital francesa forma su propia orquesta con la que debuta en La Coupule, una sala de Montmartre, y sigue cosechando éxitos, a los que se suman los que obtiene en Alemania, Suecia, Holanda, Italia y Rumanía. Pero estando en París comienza la Segunda Guerra Mundial y decide no esperar a que los nazis, con su racismo exterminador, lleguen a Francia, por lo que viene para España, confiando en que todo pasaría pronto y en breve tiempo podría regresar.

España
Se equivocaba. La guerra duró demasiado, y aunque su objetivo era disfrutar de unas vacaciones y conocer la tierra de la que su padre tanto le había hablado, se le acabó el dinero y lo pasó realmente mal. España en 1939 era un país arrasado por la Guerra Civil, donde imperaban el hambre y la miseria. Realizó muchas giras mal pagadas, que apenas le proporcionaban el alimento diario, sin garantizarle el del día siguiente.
Pero Machín era un hombre de mucho tesón, no le arredraban las dificultades y cantaba dondequiera que lo contrataban. Seguía siendo exigente con su trabajo, con los músicos, con su repertorio. Era un luchador que estaba seguro de lo que deseaba por sobre todas las cosas: cantar.
Atento a la obra de los nuevos compositores allá en su Cuba lejana, incorpora a su repertorio -que ya contaba con preciosas canciones de creadores como Isolina Carrillo (Dos Gardenias), Julio Brito (Mira qué eres linda) o Nilo Méndez (Aquellos ojos verdes)- temas de autores como Osvaldo Farrés (Madrecita; Toda una vida), Adolfo Guzmán (No puedo ser feliz) y Orlando de la Rosa (Anoche hablé con la luna).

Angelitos negros
Mas el cenit de su fama en España lo alcanzó en 1947 con una canción compuesta por el mexicano Manuel Álvarez ³Maciste² sobre unos versos del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco. Me refiero a Angelitos Negros. ³Píntame angelitos negros² decía el autor al pintor de iglesias, y Machín sentía muy dentro la injusticia de esa discriminación que, afortunadamente, nunca sufrió.
Llega la década de 1950 y el país comienza a prosperar. El éxito, tan huidizo, sin embargo arropa de nuevo a este artista ya tan querido por el público español. En los cincuenta y sobre todo en los sesenta, hay un verdadero aluvión de nuevos músicos y nueva música en España; pero los españoles siguen bailando igualmente al son de las maracas de Machín y arrullándose con sus melodiosos boleros. Tan es así, que hasta los más jóvenes compran sus discos, deleitándose con las mismas canciones con que lo hacían sus padres.
Durante casi cuatro décadas, desde 1940 hasta 1977, cuando fallece en Madrid, Machín, el músico infatigable, el cubano trasplantado que continuó ofreciendo su arte inalterable como el primer día -siempre fue fiel al estilo que lo caracterizaba-, siguió triunfando a pesar de los años transcurridos.

Toda una vida
Al cumplirse 25 años de su muerte en el año 2002 y conmemorarse el centenario de su natalicio en el 2003, se ha querido rendir merecido homenaje a este artista que echó raíces en España, y que encontró el amor en Sevilla.
En la capital de Andalucía vivía su hermano mayor, Juan, desde 1929, año en que se celebró allí la Exposición Iberoamericana. Fue precisamente con este motivo que Ignacio Piñeiro, acompañado por su Sexteto Nacional, visitó esa ciudad, donde compuso su famoso son Suavecito, que dice en una de sus improvisaciones: ³Una linda sevillana le dijo a su maridito / me vuelvo loca chiquito por la música cubana².
En Sevilla, donde fundó su hogar junto a su esposa María de los Ángeles Rodríguez -tempranamente fallecida al igual que Alicia, la única hija de ambos-, tiene Antonio Machín una calle, y su última morada en el cementerio de San Fernando.
Su yerno, Eduardo Jover, heredó las notas y apuntes de Alicia, publicando una biografía titulada Machín: toda una vida, libro que ha escrito, según palabras del propio autor, ³desde la proximidad y el respeto².
Con ese mismo título y basada en dicha biografía, se ha estrenado una película/documental, dirigida por Nuria Villazán, que narra las peripecias de ³toda una vida² dedicada a la música. En ella se puede disfrutar de las interpretaciones de Machín y de sus músicos, entre ellos su pianista y amigo Botafogo, cuyo testimonio ha sido de gran importancia para la realización del filme. También cuenta con la participación de figuras como Joan Manuel Serrat, Sara Montiel o Joaquín Sabina que expresan sus opiniones sobre el cantante, y se incluyen versiones de sus temas más populares realizadas por Amparanoia, Cristina del Valle y Los Piratas, entre otros.
Con este reconocimiento al que se ha llamado ³Proyecto Machín² (biografía, película y nuevo disco, así como múltiples fiestas), se recordará al artista. Volveremos a escuchar los boleros y ritmos cadenciosos con los que cautivó el corazón de su público y que han dejado profunda huella en la historia musical española contemporánea.
Antonio Machín, el cubano de voz cálida, con sus maracas y su amplia sonrisa, siempre tendrá un lugar preferente en esta tierra a la que entregó lo mejor de su vida y de su arte.


Bibliografía
Cristóbal Díaz Ayala. Cuando salí de La Habana; 1898-1997: Cien años de música cubana por el mundo. Fundación Musicalia. San Juan, Puerto Rico, 1998.
Cristóbal Díaz Ayala. Música Cubana. Del Areyto a la Nueva Trova. Editorial Cubanacán. Puerto Rico, 1981
Eduardo Jover. Machín, Toda una vida. La Esfera de los Libros. Madrid, 2002.
Antonio Burgos. Calle Antonio Machín. El Recuadro, El Mundo de Andalucía. Octubre 18, 2001.


1 Jorge Mañach, Martí, el Apóstol. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 1933.
2 Joaquín Albarrán, Exploración de las funciones renales. París, 1905.
3 Ver Bibliografía.

CULTURA Y ARTE Nº 14
LIBROS
- Antología Poesía Cubana (Álvaro Salvador y A.Esteban) - Ana Gallego Cuiñas
- Cuando llegan las musas (Raúl Cremades y Ángel Esteban) - Ana Gallego Cuiñas
- Teatro del Absurdo en Cuba 1948-1968 (Ricardo Lobato Morchón) - Roberto Fandiño
- Parto en el Cosmos (Matias Montes Huidobro) - Leopoldo Fornés
- Alquímica memoria y Mitologuías: Homenaje a Matta (María Elena Blanco) - Gisela Baranda
- Doble acento 1930-1992 (Eugenio Florit) - Pío Serrano
- La Invención de la Habana (Enma Álvarez) - Pío Serrano
- Al límite de la fe. Entre los pueblos conversos del Islam (V. S. Naipaul) - Ángel Rodríguez Abad
- Una apología del patriotismo (José Luis González Quirós) - Fabio Murrieta
- La ficción del Pacto Social (Luis Núñez Ladevéze) - Jessica Zorogastua
- El Reformismo español en Cuba (Enrique Pérez-Cisneros) - Leopoldo Fornés
- Astillas, fugas, eclipses (Mirza L. González) - Ileana Bucurenciu
- Francisco Nieva. Las cosas como fueron (Francisco Nieva) - Carmen Palacios
CINE
- La novia de Lázaro - Roberto Fandiño
MÚSICA
- Costa Norte y Costa Sur, el último disco de David Montes - Enrique Collazo
- Machín: Maracas, son y bolero - Mercy Díaz
PINTURA
- Genialidad y humanismo de Wifredo Lam - Arnaldo Larrinaga y Ángela García

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